Faith No more

July 26th, 2011

Por Florencia Colacito

A todos nos toca –tarde o temprano– un momento en la vida donde se nos nubla la vista y pensamos que no hay lugar a donde ir más que más abajo en la vida. No importa qué o quién detone esta sensación, una vez que llega la ex banda de Mike Patton es difícil sacudir la sensación de pesimismo absoluto a menos que nos inyectemos auditivamente dosis interminables de The Beach Boys, Captain and Tenille, The Shirelles o algo igualmente optimista, y aún es imposible comprobar que algún sentido de esperanza vuelva a aparecer.

Ese es el tema con la fe. Nadie sabe cómo adquirirla ni cómo hacerla aparecer cuando se la necesita. Cada uno cree en lo que cree: hay gente que se aferra a la religión, otros tienen un ídolo terrenal, otros eligen creer en la magia y algunos de nosotros encontramos algo parecido a la fe con lo que aprendimos en las películas, los discos, el teatro o cualquier audiovisual que sea tan convincente, tan directo y tenga suficiente empatía para creer que hay algo por lo que esperar.

Si Elton John, con todo su talento y sus múltiples pares de anteojos cantaba I Want Love, ¿cuáles eran mis posibilidades reales si no sé ni siquiera hacer malabares y tengo un par de Wayfarer truchos que me salieron 25 pesos en la calle?. Y es como dicen: You´re nobody until somebody loves you. No importa cúan alta sea el autoestima, es difícil no cantarle Lovefool al que nos rechaza. No es fácil mantener la frente y la fe en alto cuando un desfile de idiotas te pasan por alto. Es complicado poder seguirle la corriente a George Michael y creer que teniendo fe eventualmente las cosas suceden. Porque si uno no tuviera metas  y se conformara con nada, no necesitaría fe, ni se enojaría con sus propias expectativas de la vida y llegaría al punto de escuchar Perfect Day de Lou Reed con las persianas bajas y los brazos cruzados.

The Beach Boys – Good Vibrations

Y seamos honestos: It’s a Hard Knock Life. Los tiempos se vuelven casa vez más difíciles para los soñadores. Si los años ochenta fueron una década llena de canciones de desamor y fiesta interminable, ¿qué nos queda ahora más que volver a John Waite, a New Order, a Depeche Mode y a las canciones que parecen salmos para los descorazonados? Me refiero a que si hace 30 años la gente sufría y no tenía internet, ¿qué nos queda a nosotros, intentando conectarnos con fotos de perfil en blanco y negro? ¿Cómo se llega a hacer las paces con la idea de un final feliz cuando no hay motivos palpables?

Me considero una gran pesimista que se pelea constantemente con su aun más grande optimismo (ustedes se preguntarán a dónde guardo todas estas emociones, yo creo que están en las caderas, al lado de un par de combos y la falta de ejercicio). A mi me encanta creer que las cosas mejoran y que uno encuentra el  amor y la comprensión en otra persona, que se cantan mutuamente Above You Below Me de Badly Drawn Boy mientras construyen bases sólidas, que se van a buscar a aeropuertos al sonido de Up Where We Belong y que viven felices para siempre. Pero por otro lado, esa fé y esas ideas tuvieron que soportar muchas humillaciones, unos cuantos rechazos, y un par de cuernos y cuando llegó el momento de festejar ya estaba bastante deteriorada. Michael  Stipe lo puso en las palabras correctas con Losing My Religion. No queda nada en que creer más que en lo que uno cree y está demasiado arraigado.

Supongo que ese es el otro tema con la fe. No es fácil adquirirla pero menos aún sacársela de encima. Cuando uno realmente cree, yo creo que eso vuelve convertido en algo tangible. En palabras de Phil Coliins, “no se puede apurar al amor” pero aunque se tome su tiempo, como dice Florence and the Machinelos días de perro se terminan”. Y volviendo a Elton John, que maravillosa es la vida ahora que estás en el mundo. Pero tiene este gusto, ese gusto de realización y gusto cumplido porque ya sabemos que sea lo que sea que esperemos, tarde lo que tarde, llegue para irse o para quedarse, mientras haya algo en qué creer, tenga miles de seguidores o sólo se haya editado en vinilo, vale la pena quedarse a ver qué pasa.

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