Por Juan Pablo Lima
Sin dudas, el jueves 21 de agosto de 1997 es una fecha imborrable para mí. En primer lugar, porque se trató del día en que pude conocer por primera y única vez a mi abuelo materno y, en segundo lugar, porque aquella jornada coincidió con el lanzamiento mundial de uno de los discos mas deseados y esperados de la época: Be Here Now, el tercer larga duración de Oasis, la que por aquellos años era la banda de rock mas grande del mundo y desde luego, mi favorita de la adolescencia. Sin embargo, ante tanta expectativa desmedida, el disco no logró satisfacer el paladar de los críticos, y tampoco pudo contentar a los fans. La desilusión fue muy grande, y con el paso de los años se lo llegó a considerar como el peor LP de los mancunianos. Para colmo, los hermanos Gallagher se fueron al extremo de no incluir canciones del álbum en el repertorio de sus shows, en el último periodo de actividad de la banda antes de su separación. Pero… ¿es realmente Be Here Now el peor CD de Oasis?

En lo personal, recuerdo mi expectativa inusitada ante la salida del nuevo disco de Oasis, y no era para menos: Definitely Maybe (1994) y (What’s The Story) Morning Glory (1995) rompieron records de venta en todo el mundo, y si bien la crítica se dividía entre aquellos que ensalzaban las virtudes compositivas de Noel Gallagher y los que atacaban su falta de originalidad, lo cierto es que el fenómeno de masas ya estaba en marcha, el brit pop estaba de moda y los hermanos Gallagher eran los monarcas indiscutidos del nuevo escenario. Y por si hiciera falta, en los meses previos a la salida de Be Here Now (1997), era el propio Noel quien con su incontenible arrogancia alimentaba la esperanza de los fans con frases como “el nuevo álbum será una mezcla entre Revolver y White Album de The Beatles, pero mucho mejor” o “será un álbum de rock grande y ruidoso”. Sin dudas, esta última sentencia fue la que mejor se ajustó al sonido del nuevo disco.
Efectivamente, Be Here Now (1997) era una gigantesca bola de ruido y confusión, denso, con canciones que tenían una duración promedio de 6 minutos y grabado a un volumen excesivamente elevado. El disco parece un homenaje no explícito al legendario productor Phil Spector y a su técnica de grabación conocida como “pared de sonido” (que puede rastrearse en All Things Must Pass de George Harrisson y en End Of A Century de The Ramones). Esta técnica consiste en grabar varios instrumentos ejecutándose al unísono, lo que permite crear una capa de sonido pesada y generar una sensación de profundidad. Pero Noel Gallagher llevó ese concepto al extremo. Así lo confesó Owen Morris, coproductor del disco junto a Noel y colaborador habitual de la banda por aquellos años: “Noel buscaba hacer el álbum tan denso y colosal como fuera posible, con múltiples capas de guitarra en cada una de las canciones. En muchas ocasiones, él duplicó 10 canales con partes idénticas de guitarra, en un esfuerzo por crear un volumen sónico”. Solo por dar un ejemplo, la canción My Big Mouth tiene un numero estimado de 30 pistas de guitarras sobregrabadas.
Pero la “innovación” sonora no alteró el clásico estilo compositivo de Noel Gallagher: la estructura tradicional verso-coro-verso-media octava-solo de guitarra-coro sigue estando presente en la mayoría de las canciones del álbum. Baladas como Stand By My y Don’t Go Away siguen teniendo el mismo gancho de las clásicas canciones de sus dos primeros discos, aunque también sean victimas de la confusión y la sobreproducción. “No quería escribir más putas baladitas tipo Hey Jude. Quería empezar a escribir rock grande y furioso. Más Voodoo Child y menos Hey Jude. Esa era mi intención inicial. Seguramente una vez que me puse a escribir me salió la misma basura de siempre” confesaba Noel por aquello años, ofreciendo una lectura tan visceral como honesta sobre su propia obra. Precisamente el álbum terminó siendo eso, una especie de “Frankenstein”, un híbrido entre los deseos ambiciosos de Noel por innovar y sus limitaciones compositivas.
No obstante, luego de la sorpresa y la desazón inicial que provocó el tercer LP de Oasis, ahora, analizándolo en perspectiva, Be Here Now atesora muchas virtudes. Si hablamos de canciones -al margen de los cortes de difusión- hay algunas perlas que merecen ser revisitadas: tal es el caso de mi preferida I Hope, I Think, I Know un típico e irresistible rock levemente acelerado marca registrada de Noel, y la sorprendente Fade In-Out, una canción 100% harrisoniana, que cuenta con la curiosa participación de Johnny Deep en guitarra slide. En lo que respecta a la capacidad interpretativa de Liam Gallagher, se podría decir que es el último trabajo donde se puede apreciar su voz en optimas condiciones: a partir de 1997 se empezó a hacer notoria la debacle de sus cuerdas vocales, hecho que se hacía muy evidente en cada una de sus presentaciones en vivo, y se agravó mucho mas en los años posteriores. Además, Be Here Now marca el cierre definitivo de la primera (y la mejor) etapa de Oasis: a partir de aquí la banda cambiaría de formación, productor y sello discográfico. Dicho de otro modo, el grupo perdió su esencia original y mutó hacia otra cosa.

Lo que no deja de ser un hecho lamentable es la poca estima que el mayor de los Gallagher siente por este disco. Es sencillamente ridículo e injustificable el maltrato que recibió por parte de su creador: Be Here Now fue totalmente ignorado en la selección de canciones para el compilado de grandes éxitos Stop The Clocks, y eso que se trata de un álbum doble. Además, la presencia del disco en los shows en vivo fue prácticamente testimonial (aunque aquellos afortunados que estuvimos en el Luna Park en 1998, al menos pudimos disfrutar de 6 canciones del álbum). A estas alturas parece imposible la reconciliación entre el autor y su obra. Según Noel, “todas las canciones son muy largas y todas las letras son una mierda y por cada milisegundo que Liam no dice una palabra, hay un riff de guitarra al estilo Wayne’s World”. No es mi intención contradecirlo, pero desde este humilde espacio invito a los lectores de Indiehearts a que se tomen una larga pausa de 72 minutos y escuchen atentamente Be Here Now. No les va a cambiar la vida ni alegrar el día, pero les aseguro que van a vivir una experiencia que no van a encontrar en ningún otro disco de Oasis. Y eso no es poca cosa.
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