Por Federico Moreno
Uno de los instrumentos que ha cobrado mayor importancia en los últimos 30 años es el sampler. Sin ánimos de aburrir con una reseña de tecnología musical (con permiso de los geeks y adictos al hardware para la producción musical), y a riesgo de que me lleven preso por esquemático, podría definirlo como el que dotó a la música contemporánea de un banco de sonidos ilimitado y sorprendente, como es la totalidad de la música grabada durante más o menos los últimos 100 años.
De la mano del desarrollo de la tecnología digital, estos instrumentos que datan de mediados a fines de los años setenta, permiten recoger “samples” (del inglés: muestras, trozos o pedazos) de músicas recortándolas y reacomodándolas junto con otras para formar una pieza nueva y diferente. En algunos casos respetando el sonido original, en otros transformando la fuente hasta convertirla en un elemento irreconocible. Pero siempre logrando un nuevo material como resultado.
El uso del sampler en la música electrónica o el hip hop ha generado más de un debate acalorado entre compositores/autores y músicos que han recurrido a obras de otros para la composición de una nueva (cuestión que ha sido retratada con profundidad en el documental Copy Right Criminals para aquellos interesados). Discusiones que incluso han llegado a dirimirse, para bien o para mal, entre abogados y jueces. Pero debates legales a un lado, el aporte del sampler a la música es tan amplio, como innegable su puesta en valor del pasado musical.
¿Qué sería del hip hop sin el jazz, el soul, el funk, el góspel o el blues? ¿Cuánto encanto perderían el house, el techno, la música downtempo o el drum and bass sin el recurso a los samples vocales o rítmicos? No tengo una respuesta para estas preguntas, pero sí un puñado de ejemplos seleccionados caprichosamente para compartir que dan fe a mis palabras:
Aleatoriamente desde el reino del sampler invade mi mente ese gran tema de los ingleses Nightmares on Wax llamado You Wish, del LP In a Space Outta Sound, editado por el sello Warp en 2006:
La base del track fue sampleada de un éxito de la música soul de 1968 titulado Private Number, de Judy Clay y William Bell, para el mítico sello de la ciudad de Memphis llamado Stax; una de las cunas del soul estadounidense junto con el sello Motown de la ciudad de Detroit:
El segundo ejemplo es una de esas canciones que se pegan en alguna zona del cerebro, con relación directa al movimiento y al baile. No hace falta contar con un doctorado en neurociencias para enterarse que este track de Arrested Development llamado Everyday People hace que la cadera se mueva y los pies la sigan:
Originalmente, el sample que nutre este monumento del hip hop de los noventa proviene de un hit del soul de 1969 titulado también Everyday People; tema de Sly & the Family Stone, una agrupación clave de la música negra estadounidense:
El tercer y último caso es un track de deep house de Kenny Dixon Jr., más conocido como Moodymann. Dj y productor de house de Detroit, es responsable de algunas de las obras maestras del house y el deep house underground de los últimos 20 años, entre las cuales se encuentra I Can’t Kick This Feeling When It Hits, de 1997:
Este último debe sus vocales a recortes de un éxito de la música disco de 1978 I Want Your Love, de la agrupación estadounidense Chic. La banda fue formada, entre otros, por el guitarrista Nile Rodgers, fabricante de un sinnúmero de éxitos de música disco en la época como Good Times. Si se detienen a escuchar a los 48 segundos de comenzado el tema, encontrarán de dónde proviene el sample vocal central del de Moodymann, así como la frase que le da nombre:
Puede que algunos prefieran los viejos temas y no las nuevas producciones que les rinden tributo con el sampler. Puede que algunos lleguen a abusar del sampler como instrumento, o puede que otros incluso se ofendan frente a quienes construyen sobre la obra de los que vinieron antes, para producir lo nuevo. ¿Pero no ha sido así desde siempre?
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