Heroes e idiotas, parte II: The Idiot, de Iggy Pop (RCA, 1977)

August 25th, 2011

Por Nicolás Miranda

En la primera parte de esta nota, repasamos las razones que llevaron a David Bowie a fugarse con rumbo a Berlín a limpiarse y encontrar inspiración en las calles de la ciudad dividida por el Muro. Es el turno de adentrarse en el corazón de las tinieblas de Iggy Pop para indagar su obra fundamental del período inmediatamente post-Stooges, y las diferencias que su aventura tuvo con la del Duque Blanco.

El derrotero de Bowie era escalofriante pero tenía final “feliz” (al menos, recuperaba su vigor creativo con tres discos sobresalientes). El de Iggy no se queda atrás. Si uno escucha su discografía en orden cronológico, tras el último tema del último disco de los Stooges (Death Trip, de Raw Power), ese marasmo de distorsión y gritos primales, inmediatamente sigue The Idiot abriendo con Sister Midnight, y es difícil creer que estamos ante el mismo artista. En el medio, cuatro años de silencio y un tumultuoso recorrido desde Los Ángeles a Berlín.

Iggy comenzaría su deuda con Bowie a principios de los setenta, cuando éste, admirador de los Stooges, intima a su manager para que los añada a su nomina de clientes, les consigue un contrato en CBS y mezcla Raw Power. La adicción a la heroína de Pop había hecho tanta mella en su carrera que además de liquidar la banda, lo había llevado a un estado de desesperación tal como para considerar audicionar para Kiss, intentar entrar al hotel y al concierto donde se alojaba Bowie en Los Ángeles durante su gira Diamond Dogs, de 1974 (siendo rechazado ambas veces por su estado lamentable) y finalmente internarse en el instituto neuropsiquiátrico de la UCLA, donde se le diagnosticó desorden bipolar. Bowie fue una de sus pocas visitas allí y el hecho de que su primer acto fuera ofrecerle cocaína no auguraba la buena fortuna posterior.

Casi dos años después, de vuelta en la ciudad con el tour de Station To Station, Bowie recogería a Iggy para llevárselo como corista el resto de la gira y hacerle romper su círculo vicioso de caos y destrucción. Al término del tour, temporariamente instalados en París, la pareja comenzó el trabajo que terminaría siendo The Idiot. Aunque tal vez lo más certero sea decir que Bowie comenzó ese trabajo, con músicos poco conocidos reclutados en Francia, si bien algunas sobregrabaciones y la mezcla final fueron realizadas al localizarse ambos músicos en Berlín. Sister Midnight ya venía siendo tocada en la gira previa y de todas maneras, prácticamente toda la música del álbum, con la excepción de Dum Dum Boys, le pertenece a Bowie, además de los coros, los saxos, los sintetizadores, muchas de las guitarras y la producción. Las descripciones de las sesiones hablan de los músicos y el compositor trabajando en conjunto mientras el cantante leía vorazmente esperando su turno al micrófono… ¿Entonces, qué hace a The Idiot un disco de Iggy Pop?

La pregunta es capciosa puesto que el propio Bowie reconocería haber utilizado estas canciones sombrías, maquínicas, como un experimento para la nueva sonoridad que lo fascinaba. Pero si el retorno a las conceptualidades y experimentaciones europeas de un inglés que retornaba de su fascinación con la música americana tenían en Iggy a un conejillo de Indias, no es que éste no iba a aportar nada. Lo hizo con las letras, en su mayoría improvisadas en el momento, y fundamentalmente con su voz, que dejaba los gritos de antaño para convertirse en la de un crooner americano perdido adrede en la Europa continental, un crack de la catarsis espontánea que repasa la historia de su anterior banda, los amores perdidos o desaconsejables, relatos lúgubres, un rehab-stand up robótico y espectral.

Iggy Pop – Nightclubbing

Algo así como un prototipo para Low, el primer disco de la triología berlinesa de Bowie respecto del cual funcionó como una especie de ensayo, The Idiot es usualmente considerado una de las mejores producciones de Pop a la vez que está entre las menos representativas de su repertorio. La huella de su concubino en la capital alemana está desparramada por todo el disco, instrumental y compositivamente, pero entre las máquinas de ritmo (Nightclubbing)los sonidos metálicos, ásperos y repetitivos (Sister Midnight, Mass Production, Funtime) y los sintetizadores e instrumentos sobreprocesados dominando a veces la mezcla aún sobre la batería (Baby) sobresale esa voz imperturbable y distante, que otorga al disco la impronta de Iggy por sobre las circunstancias, o través de ellas. Su juego al micrófono, su capacidad de delivery vocal y manejo de los climas le dan carne a un disco que parece hecho por y para fantasmas.

No sólo eso: Pop demostraba poder manejar varios registros, pasando de la sentida balada (China Girl y su “shhh”, Tiny Girls y el saxo que parece descolocado en un disco frío) al relato impávido y sin afectación de sus épocas con los Stooges en Dum Dum Boys (cuyo tono recuerda ¿casualmente? al del narrador burroughsiano de Junky). En el medio, pesadillas edípicas, noches largas, la sensación de que las paredes se cierran sobre el escucha (de alguna manera, lo contrario a los paisajes sonoros de “Heroes”). Tal vez no el mejor pero el más importante tema del disco sea Mass Production, con el sello kraut presente a través de un loop producido con una cinta que ocupaba toda una habitación y que es la metáfora perfecta de una fábrica en funcionamiento, produciendo esa especie de cotejo fúnebre atonal que habla de entierros, incendios, querer morir y volver a empezar el calvario en la línea de montaje.

Iggy Pop – Mass Production

Si Iggy Pop ya era para 1976-77 (años en los que se grabó y luego editó The Idiot) el “Padrino del punk” y miraba con pasmo cómo pasaba de la ruina económica y psicológica a la admiración de una nueva generación de músicos que se reflejaban en el espejo stooge, es notorio que en medio de la explosión de The Damned, Sex Pistols, Ramones y The Clash el tipo ya estuviera prefigurando un sonido que no tardaría en retomar…el post-punk, y luego el rock y la electrónica industriales (Joy Division, claro, con Ian Curtis encontrado colgando de la soga con The Idiot todavía girando en su bandeja, pero también Siouxsie Sioux, Nine Inch Nails o Depeche Mode). La Iguana sorprendió a todos al pasar de ser un cantante rústico, salvaje, primitivo, a adoptar texturas de vanguardia tecnológica y titular discos homenajeando a Dostoievski.

Bowie y Pop volverían a colaborar más adelante, en el otro disco de esta etapa de la Iguana: Lust For Life, también de 1977, que muestra una cara más rockera, alegre y optimista y un Iggy menos dependiente de la capacidad creativa y experimental de su amigo, y también en el disco Blah Blah Blah, de 1986. Bowie sería el tecladista de la gira para promocionar The Idiot, y luego algunas de estas canciones, como China Girl o Sister Midnight (retitulada Red Money) serían grabadas por el músico inglés, revigorizando la cuenta bancaria del muchacho de Detroit. Y si bien Lust For Life rivaliza con su antecesor como el mejor trabajo conjunto, The Idiot fue el que mostró caminos diferentes para ambos artistas, permitiéndoles salirse de la rigidez de sus personajes autodestructivos y potenciarse mutuamente.

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