Por Bárbara Pavan
Al escuchar las canciones de Leonard Mynx, un aire sombrío puede atacar a quién esté del otro lado de los parlantes. Con un sonido que, sin tapujos, puede ser comparado con el de un primer Bob Dylan y Tom Waits, sus letras cuentan tristes historias de muerte y desamor, acompañas de pequeños grandes arreglos. Mynx vive en Portland, una ciudad al norte de los Estados Unidos donde la lluvia es cosa de todos los días, lo que explica la tristeza que se escapa de sus composiciones, y da la sensación de ser un poeta incomprendido con una guitarra. Un Dylan con una voz más delicada, y pelicorto.
“A veces escribo una canción porque me mueve algo, algo que no puedo expresar si no es a través de una canción. Algunas canciones son testarudas y se revelan lentamente. Otras son agresivas y se imponen en mí con poca consideración a lo que estoy haciendo. Puedo estar cocinando, hablando con un amigo, haciendo cualquier cosa, y la canción demanda que la escriba”, cuenta Mynx sobre su proceso creativo. Con dos discos en su haber (Vesper, lanzado en 2009, y Le Petit Mort, de este año), Mynx los comparte con cualquiera que tenga la delicadeza de enviarle un email pidiéndolo. Sin más, la deliciosa mente (y música) de Leonard Mynx.
IndieHearts: Ofrecés tus discos gratuitamente por Internet. ¿Cómo llegaste a esa decisión?
Leonard Mynx: Varias discográficas me ofrecieron contratos, pero los rechacé. No eran capaces de ofrecerme nada que no estuviera logrando ya solo. Eran sellos más bien chiquitos sin muchos recursos. Realmente consideraría firmar con un sello si fueran capaces de ayudarme a alcanzar audiencias más grandes. En cuanto a los discos gratuitos, vendí todas las ediciones de mi primer disco Vesper y, en lugar de mandar a hacer unas mil más, decidí que lo iba a compartir con cualquiera que quisiera una copia, sin importar el precio. Me crucé con mi música favorita a través de mix tapes; era todo gratuito y, técnicamente, ilegal. Pero es así como me enamoré de ciertos artistas y quería garantizar esa oportunidad a potenciales fans de mi música. El dial está saturado con música y la gente no la está comprando como solía hacerlo, así que ¿para qué pelear lo que creo que es una gran moda para la música y los músicos?
IH: Entre tus dos discos hay definitivamente una diferencia en la instrumentalización. Le Petit Mort tiene más capas y una composición más exuberante que Vesper. ¿Podés notar esta diferencia? ¿Qué creés que cambió en la composición de los dos álbumes?
LM: Vesper es un disco muy difícil. Es bastante hablado, y el tema que trata no es exactamente agradable. Probablemente es una mala elección para un primer disco. Pero no adhiero a los patrones convencionales. Vesper tenía que ser escaso en instrumentalización para que las historias se transmitieran. Los arreglos en Vesper eran solo relleno para las canciones. En Le Petit Mort y en el nuevo disco, Son of the Famous So and So, quería explorar más la instrumentación y los arreglos. No quería nada más hacer un remake de Vesper. Las nuevas canciones no son necesariamente folk; me gustan todos los estilos musicales y quería inyectarle a las canciones algo más de lo que la gente esperaba.
IH: En tu música hay muchas historias. ¿Cuál es el aspecto que te gusta más de tu música, la composición o las historias que contás en ella?
LM: Van de la mano. Una no puede existir sin la otra. Me encanta Edgar Allan Poe y él sabía cómo proponer historias cortas. Algo que podés leer en una hora o dos. Algo directo, con lo que podés estar compenetrado sin distracciones. No como una novela, en la que tenés que interrumpirla y salir de la historia. Creo que las canciones llevan eso aún más lejos. Dan una historia a una persona en sólo unos pocos minutos. Y la música ayuda a darle color a esa historia. Se complementan el uno con el otro. Aunque me da lástima que las personas hoy en día digan que sentarse a escuchar una canción que dura ocho minutos es demasiado. O que un disco de 50 minutos dura demasiado. La gente está tan distraída y lista para saltar a la próxima cosa que aparezca. La atención de la gente, y especialmente de los americanos, es realmente patética. Se llama ADD o algo, pero no me importa cómo lo llamen. Después los medican con pastillas, otra dosis rápida. La gente se apura para llegar a algo pero no saben decir exactamente hacia qué. El mundo no se está haciendo más rápido, es sólo lo que la gente piensa. Creo que las canciones se llevan a la gente lejos de esta plaga moderna. Los pueden ayudar a ver lo que no están viendo, si tan sólo se toman el trabajo y el tiempo de dejarlas trabajar.
IH: Recientemente, comenzaste a tocar con una banda en vivo, The Lie Berries. Grabaste con muchos músicos en Le Petit Mort y Vesper, y sin embargo tus presentaciones en vivo son en su mayoría en solitario. ¿Qué nos podés decir de las experiencias de tocar solo y acompañado por una banda, teniendo en cuenta el sonido que vos tenés?
LM: Siempre jugué con el hecho de tener una banda para acompañarme, generalmente por un capricho. Tocar solo o acompañado es una experiencia diferente para mí, y para la audiencia. Encuentro más libertad en tocar solo, porque puedo improvisar más y hacer lo que sea que se me cruce por la cabeza. Eso puede ser difícil con una banda. Si te desvías de lo pautado, te miran raro. Raramente toco el mismo set dos veces o los mismos arreglos. Tengo que tocar lo que siento, así sale bien. Muchas veces tengo canciones que todavía no grabé y me gusta tocarlas en vivo para que la audiencia escuche cosas que no están en los discos.
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