Por Bárbara Pavan
El segundo disco de Mompox, el curiosamente llamado ▲ (vamos a evitar llamarlo “triángulo” pues esas no fueron las intenciones de la banda, aunque sabemos que sin dudas lo están llamando así), significó un cambio de 180 grados para el grupo argentino. Grabado en Uruguay, este nuevo esfuerzo nos muestra a Mompox en un claro coqueteo con los sintetizadores, alejándose un poco de aquella estética psicoacústica y rock de los ’50. Y, si no tenemos cuidado, nos podemos encontrar comparando a la banda con algunos de los actos electropop del momento.

Pero en realidad, Mompox es una de esas bandas que da gusto escuchar porque no se puede encasillar en ningún género, y que siempre nos deja con ganas de más por la versatilidad de sus canciones y la capacidad de sus músicos. Como un ente en total renovación, evolucionando con cada nota, ▲ es simplemente una de las muestras que puede darnos la banda. Un taster de lo que vendrá.
indieHearts habló con Ignacio de Andrés de Mompox mientras estaban grabando su nuevo disco en las costas orientales. Y aquí, el resultado, una especie de mirada interior hacia el mecanismo de funcionamiento de Mompox:
indieHearts: Están grabando su nuevo disco. Nos quieren contar qué podemos esperar?
Ignacio de Andrés: Mucho bombo en negras. Más pop, menos folk. Sintetizadores. Más sintetizadores. Canciones largas con muchas partes. Letras influenciadas por la ciencia ficción, el futurismo y el inminente cambio de era que llegará en 2012.
iH: ¿Cómo se forma la banda y comienzan a hacer música juntos?
IA: La banda se formó en el año 2008. Juan Tobal (voz y teclados) y yo (Ignacio de Andrés, voz y guitarras) veníamos trabajando juntos desde 2005 más o menos. Hicimos un disco llamado Treehouse (Little Pad Records, 2008) que produjo Ezequiel Spinelli (bajo y sintes en Mompox). Esa fue nuestra primera experiencia musical y, como casi toda primera experiencia, fue bastante caótica. No hubo un trabajo de pre-producción, por lo que las canciones las íbamos armando sobre la marcha. Además éramos básicamente nosotros dos grabando y sobre-grabando capas y capas de instrumentos y voces. Al final tardamos como dos años en terminarlo. Y solo dura veinte minutos. Cuando terminamos con ese disco, empezamos a pensar entre los tres en la idea de hacer un disco siguiendo exactamente el proceso contrario. O sea, un disco largo, con un trabajo de pre-producción prolijo y varios instrumentistas. Por otro lado, en ese momento conocimos a Tomás Becú (guitarras) y Alejandro Goldberg (voz y teclados), con quienes compartíamos nuestro gusto por el pop norteamericano de los 50’s, los Beach Boys, la psicodelia inglesa de los 60’s, los primeros discos de Elvis, Phil Spector… Así que, básicamente, nos encerramos un mes a componer temas y nos propusimos grabar un disco entero en tres meses. Nuevamente fracasamos y estuvimos casi todo 2009 grabando. Terminamos metiendo cuerdas, banjos, clavicordios, de todo. Por suerte, tanto trabajo de hormiga dio sus buenos frutos y Mompox & The big umbrella (que terminamos editando de forma independiente a principios de 2010) tuvo muy buen recibimiento. La primera edición de 5000 discos se agotó y no paramos de tocar en vivo durante todo el año pasado.

iH: ¿Qué los lleva a trasladarse a Uruguay para grabar el disco?
IA: Simplemente estábamos cansados porque veníamos trabajando el disco sin parar desde mayo. Necesitábamos un descanso y, a la vez, seguir grabando para no alterar nuestro Google Calendar que está milimétricamente organizado hasta fin de año. Por lo que surgió la idea de irnos al estudio que tiene nuestro amigo Pedro Lombardi (Michael Mike) en un campo cerca de San Ignacio. Estuvimos dos semanas ahí y el resultado fue más que satisfactorio, se nota especialmente en las tomas de voz, cuando estamos relajados rendimos mucho más.
iH: En su nuevo disco van a estar experimentando con algunos nuevos instrumentos. ¿Cómo llegan a la decisión de alejarse de su primer sonido e incursionar en este nuevo territorio?
IA: El pasaje fue bastante natural. El año pasado tocamos mucho con un formato casi acústico, un poco para resolver la cuestión del equipaje a la hora de los shows y otro poco para adaptarnos a ciertos espacios más pequeños. En un momento nos empezamos a aburrir un poco de ese sonido, creo que nos dimos cuenta que había un nivel de prolijidad sonora que no podíamos alcanzar tocando todo acústico. En realidad, nos empezamos a aburrir de la propuesta en general, más allá del sonido. Casi no teníamos una puesta visual, por ejemplo. Ante esta situación, nos dedicamos a llenar todo el escenario de leds, lásers, muñecos fosforescentes y sirenas. Y a comprar viejos y arcaicos sintetizadores de los 80’s, algunas baterías electrónicas, efectos para voces. Por otro lado, no nos gustaban mucho las técnicas de grabación de guitarras eléctricas distorsionadas en estudio y queríamos probar ciertos experimentos como anular los amplificadores (suprimiendo así la presencia de la sala de toma) y grabar directo a un buen pre-amplificador valvular. El sonido así tiene una textura más definida, más filosa. Y con un buen pedal de fuzz está más cerca del sonido de un sintetizador que de una guitarra eléctrica. Básicamente, este tratamiento de eléctricas y las múltiples capas de sintes son lo que podría definir este nuevo sonido que estamos trabajando.
iH: ¿Cómo viene hasta ahora la experiencia de grabación del nuevo disco?
IA: ¡Muy bien! Tuvimos la suerte de contar con la ayuda de dos seres maravillosos como Feco Escofet (Mussa Phelps) y Ernesto Romeo (Klauss). Feco nos abrió las puertas de su estudio en Maschwitz, un lugar equipadísimo y aislado de la realidad circundante, una especie de oasis donde pudimos grabar en un estado de tranquilidad que difícilmente podríamos haber alcanzado trabajando por hora en un estudio convencional de Capital. Y Ernesto ofició de gurú espiritual de la síntesis analógica y nos marcó la dirección dentro de este fascinante mundo de perillas, filtros y osciladores. Trabajamos en su estudio (“La siesta del fauno”) dos semanas, grabando maravillas de gloriosas décadas pasadas como un un órgano Farfisa, un Mellotron de principios de los 70’s, una drum-machine Roland TR-808 (¡el origen del rap!) y demás artefactos. Fue importantísimo el aporte de Ernesto, de esas dos semanas de trabajo en su estudio sale la columna vertebral del disco.
Por otro lado, por primera vez estuvimos muy organizados en el trabajo de pre-producción, lo que nos permitió ahorrar muchísimo tiempo en la etapa de grabación. Esta vez llegamos al estudio con casi todos los arreglos escritos previamente, así que solo había que sentarse y grabar lo que ya estaba hecho en los demos. Digamos que el 90 por ciento del disco se resolvió en la etapa de pre-producción.
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