Por Miguel A. González
Escribe y canta Nicholas Rodney Drake (1948-1974), en la canción Fruit Tree:
“Safe in the womb
Of an everlasting night
You find the darkness can
Give the brightest light.
Safe in your place deep in the earth
That’s when they’ll know what you were really worth.
Forgotten while you’re here
Remembered for a while
A much updated ruin
From a much outdated style”
Como un extraño visionario, Nick Drake parece presagiar en estos bellos versos justo lo que ocurriría con su figura artística y con su persona décadas después. Presuntamente se suicidó, con apenas 26 años de edad, ingiriendo una sobredosis de antidepresivos (amitriptilina), que tomaba habitualmente debido a su presunta enfermedad psíquica, para conciliar el sueño.
Drake compuso e interpretó algunas de las canciones más bellas que se han escrito nunca. Su voz, su guitarra, sus letras y el halo de armonía y emoción que envuelve todas sus canciones, son, a posteriori, un símbolo del siglo XX. Sí, un símbolo de lo invisible del siglo XX, de lo que vivía latente; el alma de un poeta encerrada en un cuerpo, en una época histórica determinada, una figura perdida en la sombra de una sociedad adormecida por dentro. Un mundo de velocidades, frenesí y excesos, al que no pertenecía.
No vio el éxito en vida. Grabó tres discos que no compró casi nadie. Apenas contaba con un puñado de seguidores, aunque siempre contó con el cálido apoyo de su familia y sus amigos. Corría el año 1969; salvo algunos compradores de discos, más allegados a la cultura, y ciertos intelectuales, nadie supo de Drake. Era un desconocido, los jóvenes estaban pendientes de la psicodelia, de los cantautores de masas, tipo Dylan, Morrison (Van), Bowie etc… pasó desapercibido al final de una década que se escurría en ácido.
Nick Drake se mostraba profundamente triste y taciturno. Cuando hacía actuaciones en directo terminaba espiritualmente extenuado, debido a la tosquedad del público que nunca lo comprendió; tocó en bares a los que acudía un público bastante insensible, que no estaba preparado; bares de copas cualesquiera, llenos de borrachos. Además, debido a que prácticamente cada canción tiene una afinación diferente, se veía obligado a afinar la guitarra entre canción y canción, momento que la gente aprovechaba para hacer gala de su vergonzosa insensibilidad. Acababa hastiado, hundido; él estaba convencido de que su música podía llegar a los demás, había un mensaje en sus canciones y sabía que los oyentes de sus discos estaban en algún sitio. Gastó sus fuerzas hasta donde pudo en conseguir hacer llegar su mensaje, a pesar de las dificultades con las que se encontró.
La casa de sus padres conduce por la parte de atrás a un jardín que se funde con un bosque. Allí pasó muchas horas con la guitarra y la literatura (posiblemente W. Blake y Yeats). Allí compuso canciones de una imperecedera belleza transparente, sus canciones son como la luz de los soles de otoño; poemas simbólicos escritos por un poeta que habita el aire, un alma que se mece entre la realidad de los mortales, (sucumbiendo inevitablemente al dolor), y la belleza omnipresente.
A diferencia de lo que podéis pensar quienes estáis leyendo y no lo conocéis, en sus canciones no habló nunca de la tristeza, sus letras son símbolos y metáforas que emergen de su asombro ante lo que realmente es bello, a lo desapercibido, allí donde reside la belleza verdadera, en las grietas donde hurgan los poetas, grietas del árbol que son su herida, su entraña. Entraña que ofrece una ternura apuntando hacia las estaciones del año.
En los 80 se publicó Fruit Tree, una caja con material vario y sus tres discos, una edición que le supuso cierto rescate a su obra. Pero fue a partir de que cierta empresa de automóviles usara su canción Pink Moon en un anuncio de TV, cuando este abatido poeta de los árboles entró con fuerza en la actualidad de la música indie internacional. Y digo indie porque se coló en los corazones de los seguidores de esa vertiente, más que en otros sectores.
Drake vino del futuro para hablarle al futuro (a otras generaciones que nacerían después), y luego decidió volver al futuro, para siempre. Como un extraño visitante venido de lejos para advertirnos de algunas cosas, quizá también con la intención de ser aceptado y entendido por los demás, pero no lo consiguió en vida. Una especie de profeta de la belleza.
No parece que sufriera una depresión, como se dice, o que tuviera una enfermedad mental (se le estuvo medicando), creo que más bien la cosa apunta en otra dirección, que poco tiene que ver con las enfermedades. Drake era una persona hipersensible, más sensible de lo común. Era un poeta, un músico, y un cantante sumamente sensible a lo externo; un cuerpo y una mente vulnerables al mundo exterior, especialmente a la fealdad del mundo, de la que no estaba hecha su alma.
Conocí su música hace unos años. Sus discos fueron un antes y un después para mí. Pronto revisé todo lo que se ha publicado y dos documentos audiovisuales que existen. El primero, bastante aceptable, es A Skin Too Few (2002), del director holandés Jeroen Berkvens.
El otro es un espantoso documental de TV, muy mal montado, no me explico como la mismísima BBC2 hizo algo tan horrendo. De no ser por el valor de algunos testimonios e imágenes que contiene, sería una verdadera basura, la producción es lamentable, difícil de ver. Se llama A Stranger Among Us – The Days Of Nick Drake (1999).
Nick Drake no sólo fue un poeta y cantante extraordinario, también un guitarrista excepcional. Muy singular, único, no se parece a ningún otro. Su técnica era muy personalizada, su forma de arpegiar emana un sonido fuerte y nítido, cargado de sensibilidad, la destreza con la que separa unas notas de otras consigue que todo suene límpido y armonioso.
Si tuviera que listar las mejores canciones del mundo, entre ellas habría más de una de Nick Drake. Me he identificado y me identifico todavía con muchas de sus canciones, en parte, también con su persona. En uno de los documentales, alguien dice que una vez que descubres su música, quieres compartirla y recomendarla a los demás. Y es verdad. Porque descubres algo maravilloso, con lo que estremecerse y soñar, y además para siempre. Creo que cualquier amante de la música, no debería pasar por la vida sin escuchar la obra de Drake. Tres discos publicó en vida. Los tres cargados de bellísimas canciones cristalinas como ríos, en cuyas aguas, a veces navega mecida la tristeza.
En su familia nadie se dedicó a la música, pero su padre compuso algunas cosas de forma casera, y su madre (Molly), componía y cantaba canciones habitualmente en casa. Al parecer Nick la escuchó cantar numerosas veces durante su infancia. Desde hace más de una década, la hermana de Nick -Gabrielle Drake-, acrtiz británica, dio a conocer algunas canciones que su madre grabó en casa en un magnetófono. Al escucharlas, cualquier admirador de Nick no puede más que con-moverse. Ahí está la esencia que luego Nick reproduciría en sus canciones..
En A skin too few, Gabrielle dice: “He saw more, and thats most expressed in his songs and almost nowhere else. I think he became more silent… as he saw more“. Nick vio más, vio más allá, donde no todos podemos ver. Y a medida que veía más, su silencio aumentaba. Al final apenas podía siquiera tocar y cantar a la vez. Tuvieron que grabar las pistas separadas. Registrando primero la guitarra y luego la voz, porque Nick estaba en tal estado que no podía tocar y cantar al mismo tiempo. Un estado indescriptible para quienes lo vieron.
Como ya dije, Nick Drake vino del futuro y se marchó al futuro para siempre. Pero dejó un puñado de canciones que a muchos nos ayudan a vivir. Gracias Nick.
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