Por Nicolás Miranda
El diario El País de España informó hoy que el fuego iniciado por los disturbios en el norte de Londres, más específicamente en el barrio de Enfield, destruyó anoche el almacén de distribución que la Sony tenía allí. Tres pisos y 20.000 metros cuadrados que servían, alquiler mediante, como centro logístico de la distribuidora musical más importante del Reino Unido (PIAS) y otros 150 sellos de música independiente. La AIM (Asociación de Música Independiente del Reino Unido) ha informado que nada ha quedado de las existencias que se acumulaban allí.
Sellos como Warp, XL, Domino, Mute, Sunday Best, Rough Trade, JagJaguar o Beggars Group han sido gravemente afectados, al encontrarse allí su stock a ser distribuido. Muchas de ellas no cuentan siquiera con un seguro de indemnización.
La noticia impacta en principio por la magnitud de sus consecuencias sobre un nicho de producción y circulación que se presenta como alternativa a los de las compañías y corporaciones multinacionales, pero sirve también para reflexionar sobre ciertos riesgos, tendencias y contradicciones inherentes a la industria musical.
Claramente un sello cuasi artesanal cuyo stock no supera el par de miles de copias físicas no puede tener el mismo procedimiento que XL, que edita a Adele. El éxito de esta artista (número 4 en ventas en Gran Bretaña actualmente) hace suponer que sólo un local gigantesco de almacenamiento puede contener las copias necesarias a ser vendidas. Un local como el de la Sony. ¿El riesgo sorpresivo e inherente de esto para los sellos independientes? Que personas en pie de guerra con cierto orden establecido (simplificando muchísimo: personas que podrían compartir con éstos un espectro ideológico que elude y enfrenta la primacía de los intereses corporativos y comerciales) incendien el local de una multinacional y el fuego se lleve puesto…sus discos.
La pregunta ingenua que surge inmediatamente es “¿por qué el stock de existencias de tantos sellos independientes, en el edificio de un gigante como la Sony?” La respuesta está en la noticia: con fines de almacenamiento y distribución. Ahora bien, una lectura más detenida de estos datos nos lleva a otras preguntas: ¿son tan distintas las lógicas comerciales de los sellos grandes y de los independientes? Luego de que tanto se haya dicho sobre la cooptación e imitación de las estrategias y criterios estéticos de los sellos independientes por parte de las multinacionales en el marco de la crisis de la industria discográfica ¿no deberíamos también analizar que el crecimiento y diversificación de los sellos independientes los lleva a adoptar el modus operandi de las compañías mainstream? ¿Es realmente inevitable esta adopción?
Todo esto recuerda de alguna manera aquellas preguntas que se hacía Simon Reynolds escuchando una conversación de adolescentes ingleses en su barrio, en el ensayo Se terminó el underground? (2009). Los jóvenes discuten la jerarquía de la fuente donde habían sido los primeros en escuchar el hit de una banda actual: las opciones, ordenadas de la más prestigiosa y “under/alternativa” a la menos, son MySpace, una propaganda, y Radio Disney. Reynolds desliza si los jóvenes sabrán que la casa matriz de MySpace es Fox Interactive Media, propiedad deNews Corporation: el segundo conglomerado mediático del mundo (detrás de…Disney).
De la misma manera, ante los acontecimientos de hoy, cabe reflexionar si es cierto, como supone Reynolds, que “el mainstream disminuido se encuentra ahora rodeado por canales de actividad musical que ya no son underground (en un sentido de confrontación) sino que simplemente…no venden muchos discos”. En realidad, como muestra el caso de XL, ahora también algunos venden muchos discos. Y el cambio en las escalas conlleva nuevas situaciones.
Los sucesos de hoy en Enfield funcionan entonces como un llamado de atención sobre los cruces, limitaciones y diferentes consecuencias entre maneras de producir, circular y consumir música que amagan con ser, cada vez, más parecidas.
Fotografías: Reuters y LeaderPost



