Amanda Palmer – Amanda Palmer Goes Down Under (2011)

March 23rd, 2011

Por Emmanuel Patrone

Amanda Palmer siempre dejó que su carrera musical fuese guiada por el desorden. Si en los discos al frente del dúo cabaret punk The Dresden Dolls y en Who Killed Amanda Palmer (su sólido álbum debut como solista) eso significaba desplegar en sus temas historias de amor malogradas, narraciones de inestabilidad mental y una pizca de humor sardónico, más tarde se tamizó en decisiones insólitas, que enmascaraban una intención puramente lúdica, tales como un EP de temas de Radiohead en ukelele y un álbum conceptual sobre un par de hermanas siamesas (Evelyn Evelyn, proyecto compartido con Jason Webley). La cumbre de este momento juguetón post-Dresden Dolls de Palmer fue cuando en diciembre pasado apareció Map of Tasmania, el primer corte de su nuevo disco, un irritante ejercicio dance-trash alla Peaches que comentaba acerca del vello púbico femenino. Afortunadamente, Amanda Palmer Goes Down Under, su segunda placa como solista, no se somete regularmente a desvaríos de la clase de ese single.

Goes Down Under es una especie de carta de amor al continente oceánico, inspirada en la gira de la flamante señora de Neil Gaiman por Nueva Zelanda y Australia. La mayoría de los tracks del disco corresponden a grabaciones en vivo en esas tierras, intercaladas (algo arbitrariamente) con canciones de estudio. Todas las facetas de Amanda hacen su aparición, desde la chanteuse melodramática a la bromista carismática.

Amanda Palmer – Australia

De las canciones en vivo se destacan la reflexiva Australia, en la que Palmer regala una poderosa performance acompañada solamente de su piano; Vegemite (The Black Death), una hilarante historia de amor en la que Amanda se queja del fanatismo de su amado por la pasta de untar del título, con una audiencia estallando en carcajadas ante versos tales como “por favor, lavate las manos, acabás de comer vegemite en el almuerzo, bastardo egoísta”; y una sentida versión de The Ship Song de Nick Cave.

Lo que aflora de estas performances en vivo son, primero, la interacción constante con el público y su relación casi confidente con él, llevado al paroxismo al dejarles cantar a los fans neocelandeses un jingle publicitario de su país (We’re Happy Little Vegemites… sí, no hay una sino dos canciones sobre el producto en el disco). También el disco deja en claro cuánto disfruta Amanda el tocar en vivo, algo que se puede escuchar en sus risas y sus comentarios ingeniosos en New Zealand (una simpática pero olvidable viñeta narcisista) y las colaboraciones junto a intérpretes locales (The Jane Austen Argument en Bad Wine and Lemon Cake y Mikelangelo en A Formidable Marinade). Lamentablemente, el álbum es incompleto en el ámbito de las presentaciones en vivo y apenas ofrece una pequeña degustación de lo que significa la experiencia de “Amanda Palmer en concierto”.

Aunque hagan que el álbum pierda un poco de forma, las canciones de estudio son bienvenidas, con la notable excepción de Map of Tasmania: On an Unknown Beach es otro cover deliciosamente apropiado por Palmer e In My Mind (el punto más alto de un álbum desparejo) es una preciosa declaración personal (“Soy exactamente la persona que quiero ser”) que cuenta con la ayuda de Brian Viglione, su ¿ex? compañero de aventuras en Dresden Dolls y que hace recordar que un nuevo disco del dúo no vendría nada mal.

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