Por Emmanuel Patrone
Rey de la ansiedad, genio de la soledad y uno de Los Campos Magnéticos, Sebastián Rubin -sentado y con guitarra acústica sobre el muslo derecho-, viendo que el comienzo de su set con su banda de apoyo Los Subtitulados se retrasaba por culpa de un problema técnico, se acercó a su micrófono y bromeó: “Este tema se llama ‘Silencio incómodo’”. Eran las 23.50. ¿Podría ser que el último de los recitales dentro del ciclo “Jueves subtitulados” comenzara, irónicamente, en los primeros minutos de un viernes? Por suerte eso no sucedió. Fue cuestión de cambiar el cable del micrófono responsable del inconveniente y que las primeras notas de Del lado del sol empezaran a sonar en el Club Cultural Matienzo.
En un formato redux –“Acá está faltando una parte de la banda, una parte pelada”, señaló Rubin refiriéndose al guitarrista Alejo Provvidente- y semi-desenchufada, el grupo regaló 45 minutos de pop guitarrero palo-y-a-la-bolsa, cargado de sensibilidad cotidiana y apto para las armonías vocales en la casa de tres pisos transformada en entidad cultural del barrio de Colegiales. Frente a un colorido mural y una proyección que indicaba el nombre de la banda, Rubin y Los Subtitulados repasó en su sucinto pero eficaz set 12 canciones incluidas en sus dos álbumes de estudio, Esperando el fin del mundo (2006) y Desayuno de campeones (2009). En la primera mitad, Rubin empuñó la acústica para versiones con el amplificador en volumen moderado de la ya mencionada Del lado del sol, como así también de El rey de la ansiedad, Yo me quiero enamorar, Los encerraditos (sarcástica y kinksiana canción anti-country clubs co-escrita con el dibujante Liniers) y Nada, la cual recibió el tratamiento más radical.
Pero fue en la segunda mitad en la que apareció el power de power pop, con Rubin cambiando a la guitarra eléctrica para el cover traducido al español (especialidad del ex Grand Prix) de Flesh Number One (Beatle Dennis) de Robyn Hitchcock & The Egyptians, Adiós Torino, Lo que ves es lo que hay y Odio el amor. Uno de los momentos de color fue cuando, al final de Falling in Love With Myself, Rubin reconoció un error (tocó la última parte del tema en una nota diferente) avisando a sus compañeros: “Esta es la versión con un arreglo jazzy del tema, la próxima les aviso”.
El ciclo que Rubin y Los Subtitulados llevó a cabo los jueves de julio en el Club Cultural Matienzo terminó cerca de las 00.40 del viernes con No más lágrimas, hitazo de Esperando al fin del mundo, que mutó hacia al final en homenaje a Just Like Honey de The Jesus & Mary Chain. Como en los jueves anteriores, el quinteto convertido en cuarteto ese día, contó con bandas invitadas que se encargaron de inaugurar el evento. El rosarino Matías Barrera, Alvy Singer sin su Big Band y Excursiones Polares fueron los encargados en las ediciones anteriores del ciclo y ese 28 de julio fue el turno de La Perla Irregular.
Banda en ascenso y una a la que le viene bien el rótulo de “juventud, divino tesoro” (aquella que tanto añoraba Rubén Darío y a la que un enardecido Luca Prodan aludía en Los viejos vinagres), La Perla Irregular había empezado a entretener a los casi menos de 100 asistentes (varios de ellos sentados frente a mesas con botellas de birra y porciones de pizza) con El sueño que sueño, una de las cuatro canciones que tocaron de su último disco, Rafael, junto a Cielo serás, Sólo jugar y El tren de las diez. Sin mayores sobresaltos y sonando muy ajustados a pesar de su edad, el cuarteto marchó correctamente haciendo su función retro, con ecos del mejor rock nacional de antaño, aquel de Almendra, Sui Generis y un distinguido etc.
Aprovecharon también para revisitar canciones de sus anteriores discos (La Perla Irregular y La Novena Utopía), algo que –según palabras del guitarrista y cantante Pablo Vidal- no hacían desde hace tiempo. De esta forma, se pudieron escuchar la canción homónima al nombre de la banda, el single De regreso a la fantasía y una versión en portugués de Dos partes, la “rareza” de la lista de temas. Sólo fueron diez canciones en aproximadamente 40 minutos, pero bastaron para demostrar que, si de bandas emergentes se habla, La Perla Irregular está indudablemente entre las más merecedoras de su rol de “grupo promesa”.
Un instante particular que se vivió ese jueves (ese jueves de fin de mes, ese último jueves del ciclo), fue cuando, ya casi finalizando el set de La Perla Irregular, Sebastián Rubin subió al pequeño escenario del club cultural para compartir un cover de You’ve Got to Hide Your Love Away, desoyendo el consejo que le dan a Lennon en la canción de ocultar su amor. En este caso en especial, a ese generoso e inmortal coloso llamado “música pop”.
*Rubin y Los Subtitulados y La Perla Irregular se presentaron el jueves 28 de julio en el Club Cultural Matienzo.
Fotos: gentileza María Pirsch.




