Por Emmanuel Patrone
Si hay algo que nos enseñó la historia del rock, entre tantas cosas maravillosas y otras menos placenteras, es que hay que lanzar miradas de desconfianza ante las reuniones de bandas con “su formación original”. Ha habido reuniones exitosas, es cierto, pero ya muchos han caído en esa trampa más relacionada a la explotación de la nostalgia como para que nos emocionemos con la supuesta “vuelta a las fuentes”. Con Guided By Voices, se asume, deberíamos quedarnos tranquilos. Sí, se reunió la formación clásica, aquella de dos discos fundamentales para el fan del rock alternativo estadounidense como lo son Bee Thousand y Alien Lanes, pero al ser Guided By Voices una agrupación que siempre pareció más cómoda haciendo de la suya, en sus mejores épocas grabando en 4 canales, con un sonido pobrísimo pero armada con canciones poderosísimas, el ejercicio de nostalgia no parecería ser un motor importante.
Let’s Go Eat the Factory es, entonces, el primer disco de la formación clásica de Guided By Voices desde Under the Bushes, Under the Stars (1996). Cualquiera que haya escuchado los álbumes clásicos mencionados más arriba no se va a sorprender con Let’s Go Eat the Factory. Está el mismo espíritu lo-fi, esas canciones de pop-rock que van al frente y algunas ideas esbozadas en pocos minutos. Lamentablemente, lo más notable que podemos decir de este nuevo álbum de la banda de Robert Pollard es eso, que recupera el espíritu de los 4 canales, del sonido difuso y sucio, porque de otra manera estaríamos refiriéndonos a un disco terriblemente irregular.
Guided By Voices – The Unsinkable Fats Domino
Desde ya, ni siquiera Bee Thousand es un álbum perfectito, con envoltorio y moño incluido, pero los momentos más altos eran varios y opacaban firmemente a los instantes más desechables. Obviamente que es una canallada compararlo con aquel clásico de culto de los 90’s, pero con 21 canciones en poco más de 40 minutos, Let’s Go Eat the Factory deja algo que desear. No vamos a decir que no hay puntos altos, porque los hay: Laundry and Lasers, el primer track, ilusiona con un sonido violento que desafía el encorsetamiento del lo-fi; Doughnout for a Snowman es una maravillosa pieza de pop acústico de menos de 2 minutos; Spiderfighter es el mejor aporte de Robin Sprout del disco; y después asoman, entre otras destacadas, Hang Mr. Kite, Waves y la contagiosa The Unsinkable Fats Domino. El resto del álbum se reparte entre canciones agradables pero no particularmente memorables (Chocolate Boy), experimentos que, a pesar de no ser muy largos, hacen que el disco se sienta más extenso de lo que es (The Things That Never Need, My Europa) y temas que saltan a la vista de inmediato como mero relleno (How I Met My Mother, Go Rolling Home).
No podemos decir que hay falta de inspiración. Después de todo, este es el mismo Robert Pollard que, al frente de Boston Spaceships, hizo ese disco genial el año pasado llamado Let It Beard. Lo que se puede discutir es que este regreso con Let’s Go Eat the Factory, lejos de ser malo, no resulta tan satisfactorio. Habrá que esperar a Class Clown Spots a UFO (Pollard sigue obsesionado con los OVNIs parece), el otro disco de Guided By Voices para este 2012, para ver si esta reunión nos obsequia algo un poco menos inconsistente.
Guided By Voices – Doughnut For A Snowman
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