Por Joaquín Saavedra
No hasta hace mucho podíamos recurrir a Hello Seahorse! si necesitábamos hacer referencia a los exponentes más relevantes del shoegaze latino. Fue hasta que la presión por la sobreexposición comercial que la banda sufrió en 2009 (tras un fichaje con la golosa EMI y un premio MTV, por nombrar algunos méritos de alto perfil) la obligó a maquinar un drástico giro de dirección en busca de una complejidad mucho más densa.

El cuarto álbum del grupo mexicano, titulado Lejos. No Tan Lejos., busca a través de su nuevo sonido terminar de formalizar un cambio que venía gestándose desde hace rato. En Bestia (el último LP, el que suscitó todo el exhibicionismo) los chicos ya habían comenzado a trabajar en sus atmósferas a través de una importación pesada del dream pop y a fortalecer un elemento que luego los distinguiría bastante: el lenguaje, en el primer indicio de su deformación hacia el lado oscuro.
Ginebra Dulce by HelloSeahorse
Aquí, a través de canciones como la exótica apertura Ginebra Dulce, Hello Seahorse! incorpora un elemento electrónico bastante parecido al de los The Knife místicos y gustosos por los ritmos tropicales, con su respectiva Karin Dreijer y su curiosa forma vocal resonante y vetusta. Al prescindir de un completo uso del sintetizador en sus estructuras, mantiene su esencia y declara su propiedad sobre todas las incursiones abordadas.
El disco también apuesta a aplicar todo lo aprendido sobre su viejo repertorio. Aunque la fórmula nueva logra repetirse con éxito en otros momentos como Casa Vacía y Perla Blanca, nos encontramos con sutiles guiños a sus épocas rockeras, como Un Año Quebrado y Me Has Olvidado, que salvan a Lejos. No Tan Lejos. de ser un completo balde de agua fría para los fans de la banda, y terminan por –irónicamente– remitirnos a su título.
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