Por Martín Bordoy
Encaré Get Cold Feet de Maryland sin conocer nada sobre ellos, es más, descubrí que eran españoles luego de la primera escucha. A primera instancia encontré una banda madura y que tenía un sonido distintivo, como si tuviesen años tocando juntos. Sin embargo, leyendo descubrí que este es su segundo trabajo (luego de Surprise, de 2009). Una banda pop rock, con todo lo que ese género implica, que logra conmover o hacerte agitar la cabeza, creando buena música a través de sus once canciones.
Hoy en día hay muchos grupos que cantan en inglés aunque su idioma madre sea el castellano. De la misma “madre patria” recuerdo a Dover o incluso a los Utopians. Este hecho no es menor en una banda, es toda una postura frente a lo que quieren lograr y la propuesta artística que tienen. Usualmente, la falta de un “buen” acento en inglés se distingue en una mala producción, pero Maryland pasa la prueba con creces. Es más si no me lo decían nunca hubiese sospechado que no eran ingleses o estadounidenses.
Un inicio con órganos y lento que explota en mil pedazos logra que Red Boots, track inicial del disco, se convierta en una puesta en escena que convence hasta al más crítico. Sus melodías y guitarras distorcionadas recuerdan al Weezer de los años 90 o a The Ataris. Esto incrementó mi incredulidad a la hora de descubrir que eran de Vigo.
Atom Bomb, cuarta canción del disco, me recordó enormemente a aquellos primeros discos de Placebo. A continuación It Works! y 25 Springs bajan un poco los decibeles pero sin perder la potencia y ese tinte pseudo grunge, algo que podría denotar una influencia de Pulp.
For Me Today y Little Miss Sunshine, las canciones más lentas del álbum muestran un poco la versatilidad musical que tienen, ya que de guitarras punk pasan a canciones más emotivas similares a lo que nos tiene acostumbrado Snow Patrol.
En conclusión, mientras que el mundo trata de ser “indie” o “electro” da gusto que algunos recurran a géneros no tan viejos pero complemente olvidados como el pop rock. Aunque, por mi pasado y mi fascinación por los años 90, me es inevitable realizar comparaciones odiosas, Maryland está marcando su camino de forma individual y brillante.
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