Por Bárbara Pavan
¿Vendida? Por dinero, pero por arte jamás. A pesar de haberse unido a las filas de Sony BMG (o quizás, debido a eso mismo), la española Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, entrega en este, su segundo disco de estudio, una madurez envidiable por bandas con una trayectoria mucho más larga y un presupuesto más jugoso. Fuerteventura, el seguidor del exitoso I Love Your Glasses, redobla la apuesta y explora otros géneros que le quitan a Hernández la etiqueta de folk-pop.
Aunque la guitarra sigue siendo el elemento fundamental de sus canciones, la estética despojada de su primer disco, editado de forma independiente por Eureka, es reemplazada en Fuerteventura por un prolijo y detallado arreglo de variados instrumentos, entre los cuales podemos destacar el piano y la batería. Además, las canciones demuestran un espíritu renovado y más alegre que esfuerzos anteriores.
El disco da el puntapié inicial con Everyday, Everynight, una road song que nada tiene que envidiarles a las producciones más elaboradas de cantautores folk modernos. Hernández es una cantautora ninfa, sexy y sensible, que logra componer una canción que, si cerramos los ojos, nos lleva a la carretera. The Sun, The Trees mantiene esa misma estética y le otorga a los primeros minutos del disco un espíritu campy y divertido, que descenderá, solamente un poco, con la romántica I Hate You But I Love You.
Seguirán canciones como The Memory is Cruel, My Love is Gone y otras que, como casi todas las canciones pop, exploran la temática y la preocupación del amor. Otras, que tampoco se quedan atrás, homenajean, a su manera, a artistas como Tarantino y Nick Drake.
La sensibilidad y las letras de Hernández siguen siendo las mismas, así como la vibra de escuchar canciones en un inglés cocoliche y desprolijo sigue teniendo su encanto. Sin embargo, lo más destacable de Fuerteventura es su labor de producción, detallista, minuciosa, e impecable, a cargo de Tony Doogan, quien ya trabajó con popes como Belle and Sebastian, Young Galaxy, y Hey Rosetta!. Hernández recibe una mano importante del inglés, y seguramente, sin su colaboración, el disco no sería el mismo. De hecho, sin Doogan, Fuerteventura sería una encantadora colección de canciones de Russian Red, iguales a las de siempre, pero sin ese toque que el productor le supo dar. Aplausos para ambos.
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