Por Emmanuel Patrone
Veinticuatro escritores, veinticuatro bandas del circuito independiente nacional (e internacional, con representantes de Uruguay y Perú). Todas reunidas en un sólo libro, exploradas en profundidad. Esa es la idea de Las visitas, el proyecto craneado por Juan Manuel Daza y compañía, quienes ya cortaron el listón de inauguración de la convocatoria para reunir fondos para esta ambiciosa y alentadora obra de, como lo suelen describir, espeleología underground. Y en ese afán espeleológico, no parece casualidad que el lugar escogido para realizar la fiesta de lanzamiento de la convocatoria (el libro será financiado a partir via crowdfunding en idea.me), para empezar a ponerse el casquito de minero para escuchar todos los sonidos y sentir todos los olores y ambientes, sea justamente una de las cuevas más representativas y notorias del under de Capital Federal, el Zaguán Sur.
Cerca de las 23 del jueves, Daza subió al escenario, rodeado de una de las agrupaciones visitadas en el proyecto, Simón Fuga. Luego de palabras de agradecimiento, invitó a Miguel Molina y Vedia, el responsable de la exploración de la banda, a cuyos integrantes calificó jocosamente de “los ases del funk, el post-rock y el fútbol menottista”. En ese nivel juguetón de la descripción del periodista también se encuentra el quinteto, no sólo a partir de los títulos de sus composiciones instrumentales repletas de ingeniosas referencias culturales (Cara de jugador de Colón y Gorda default son algunos ejemplos), sino también a la hora de sumergirse en sus finas zapadas que complotaron para complicar a cualquier medidor de ruido. Durante 40 minutos, los Simón Fuga dieron una cátedra de funk, acid jazz, improvisación y arranques de ruidismo (en donde hasta un sintetizador analógico hizo estragos) que ayudaron a que el público entre en calor, entre el baile con cabeza gacha y el movimiento de patitas, terminando con una interpretación del tema de apertura de su álbum After Chabán, Leyendo la Cosmo en el 166.
Riki Riki Tave y La Banda Misteriosa fue la encargada de continuar la fiesta en el ZAS. El grupo, que será analizado por el escritor Esteban Castromán, fue no presentado por éste, sino, como declaró en el avance Juan Manuel Daza, por un personaje “panzón y narigón” llamado Microbio. Y así es como, mientras la banda –ya en el escenario- tocaba una especie de música incidental, el curioso personajillo subió al escenario y con tono siniestro sentenció unos versos intrigantes con referencias rockeras. En ese marco se mueven los Riki Riki Tave, como uno puede escuchar al acercarse a sus canciones: en el marco del coqueteo con el arte de lo imprevisible, de lo inesperado, de lo inquietante. Entre el blues, la psicodelia y el rock cerebral y experimental pero, curiosamente, visceral al mismo tiempo, los temas transmiten una cautivante intranquilidad, con la maraña de solos de guitarra imposibles, golpeteos de batería zigzagueantes y la voz portentosa de Juanjo Harervack. En casi una hora, sonaron canciones del último disco de la banda, Llorando en Corea, como 95 problemas, Casi y Todo en mi cabeza, en la que eventualmente Microbio subía al escenario para recitar nuevas líneas y arengar a los músicos. Después de esta presentación que dejó a algunos con las palmas rojas de aplausos y a otros con mirada extraviada, uno pudo haber pensado que en la velada no habría algo tan o más peculiar para disfrutar. Si existió alguien que tuvo esa intuición paseando por su mente, se equivocó.
Y cómo. CLDSCP (o Caleidoscopio, para aquellos que deseen nombrarlos sin inflingirse un nudo de marinero en la lengua) aterrizó en el ZAS con su “menso freakfolk” para seguir entreteniendo a las almas que, pasando la una de la madrugada, decidieron quedarse en el club cultural de Once. Un mestizaje inaudito de charango, beatboxing, y juguetes electrónicos que, desde el escenario, bajaban al público que sonreía ante la propuesta del dúo, cuya locura será plasmada en las páginas de Las visitas por el escritor venezolano Gabriel Torelles. Leopoldo de Sarro (charango, voz y pandereta adherida al pantalón), de anteojos luminosos y accesorios exageradamente grandes de La Pantera Rosa, desplegó en su voz, auxiliado por su compañero Andrés Andinach, desde canciones de la cantera caleidoscópica, dueñas de un extraño romanticismo (Cactus) a covers que, como la banda misma, desafían cualquier categorización. Costaría dar con las palabras justas para describir con precisión lo que hicieron con A vos, amigo de Almafuerte o Ya no sos igual de 2 Minutos. Sólo se puede arriesgar a declarar que estuvieron más cerca del homenaje lúdico que de la ironía maliciosa. Pero más allá de que llame la atención la puesta en escena, los CLDSCP poseen temas que no hacen que se los desprecie solamente como una mera broma o un espécimen curioso, tal como lo atestiguan Lindo o Puedo, ambos de su último disco, el recomendable Niños azules.
“Una vez Zappa dijo que ‘escribir sobre música es sobre escribir como arquitectura’. Entonces acá estamos, listos con los auriculares y el tutú”, declara uno de los participantes de Las visitas en un video promocional. Esperemos que este ambicioso proyecto logre cumplir con su objetivo, que se dispone a poner en discusión –y con total justicia- a la excitante y fructífera movida del rock under nacional actual. Simón Fuga, Riki Riki Tave y La Banda Misteriosa y CLDSCP demostraron, ese jueves en el ZAS, que su inclusión en este (próximo) gran libro del indie nacional está ampliamente justificada.
*Simón Fuga, Riki Riki Tave y La Banda Misteriosa y CLDSCP se presentaron el jueves 23 de agosto en el Zaguán Sur en el marco de la fiesta de presentación de la convocatoria de Las visitas.
Fotos: Cata Moncal & Pablo Occhiuzzi. Más en nuestro Flickr.
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