St. Vincent – Strange Mercy (2011)

September 16th, 2011

Por Emmanuel Patrone

Podría parecer superficial empezar hablando de Strange Mercy mencionando la belleza de Annie Clark, la mente maestra detrás del nombre St. Vincent. Pero en ese look refinado, en el rostro huesudo en el que sobresalen esos ojazos verdes, hay algo indescriptible que resalta como extravagante, como fuera de lo común. Casi se podría hacer un paralelo con los anteriores álbumes de la texana, Marry Me (2007) y Actor (2009). Ambos discos exhibían rasgos de delicadeza y fragilidad pero también había varios instantes en los que se palpaba un soplo de intranquilidad, tanto desde las letras o a partir de algunos sonidos que se distinguían como amenazantes entre la voz dulce de Clark y los arreglos preciosistas.

En ese tironeo entre lo delicado y lo siniestro, en Strange Mercy parece triunfar lo segundo, lo cual ayuda a que Clark logre expandirse a expresiones más personales no sólo en el ámbito lírico, sino también en lo referente a lo musical. Esto se traduce a un mayor enfoque en las texturas electrónicas sombrías y en más guitarras eléctricas inquietantes. En consecuencia, se traduce a que este tercer álbum resulte el menos accesible de la cantautora estadounidense hasta el momento, a pesar de los claros indicios de una mayor madurez creativa, algo alentador considerando lo inventiva que mostró ser Annie en sus dos discos precedentes.

St. Vincent – Surgeon

Lo dicho anteriormente no significa que no haya canciones que golpeen instantáneamente. Sin demasiadas vueltas, el primer corte de difusión, Cruel, es quizás la canción pop más redonda que haya aparecido bajo el alias St. Vincent, con esa batería electro-disco y piezas pegadizas de teclados. Pero el resto del trabajo no es tan inmediato, y es necesario escarbar para descubrir los numerosos tesoros que guarda el trabajo, ya sean la conmovedora declaración de independencia que es Cheerleader, la taciturna Strange Mercy o los furiosos ataques de guitarra en Chloe in the Afternoon.

Con respecto a lo último mencionado, es en este disco en el que Clark finalmente se anima a mostrar debidamente sus dotes en la viola, que no habían sido explotados al máximo salvo en escasas ocasiones (como en el solo monstruoso al final de Now, Now, primer track de Marry Me) y que en esta oportunidad emergen de las más diversas maneras, tanto con el perfil de delicados relámpagos (Surgeon) o de pequeños e imponentes riffs (Northern Lights). Sacándole jugo a su guitarra o no, Annie Clark, con Strange Mercy, logra ensanchar su paleta sonora hacia flancos más difíciles de aprehender, al menos en un primer acercamiento. Pero quien no se rinda fácilmente encontrará una obra que, detrás de su máscara poco accesible, desborda de ideas y melodías cautivantes.

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